La humedad que ahora cubre tu cuerpo inunda mi interior. Me ahogo en ese deseo acuoso, en esa intensidad muda de olores enjabonados, de pelo enredado a tu rostro, de piel atrevida. ¿Y si entrara? ¿Si la puerta traspasara ingresando en esa nube de vapor que recorta tu resplandeciente figura? Mi cuerpo desnudo y excitado se abalanzaría a tocarte, a sentirte resbalando en tus miembros por los que el agua chorrea. Me aferraría a tus labios desbordados que absorberían mis besos como el agua que corre entre nosotros. Las palabras quedarían jadeantes incapaces de decir lo que se siente en este baño de placer y goce atenazado a tus pechos erguidos, serpenteando por tus muslos, mordisqueando tus pezones tiesos. Me encajo entre tus piernas estrujando tu vientre ardiente que quema mi miembro que te busca en un torrente alocado y jugoso. Salpicados por la ducha, mi arroyo húmedo se verterá como una corriente más, esparciéndose por todo tu cuerpo.
El espacio se vuelve distante cuando veo la puerta entreabierta separándome de tu imaginado cuerpo húmedo y caliente que cierra el grifo cortando la sinfonía de vaho y goteo erotizado.